Durante meses,
los viajes constantes y la intensidad de los tratamientos, secaron mis ganas de
vivir, mis ánimos de seguir y mis mas profundos ideales de la vida, hace ya unos años atrás el diagnostico había sido categórico, mi vida estaría encrucijada en un
cáncer al estómago con carácter de
terminal, lo que hacía de la noticia una sonora palabra algo funesta y luctuosa
para algunas familiares y amigos, para mi
pues solo era el inicio de una etapa prevista desde el día que tome
conciencia que estaba enfermo.
Recuerdo con una
frescura casi perfecta la última vez, recuerdo
con vehemencia casi perfecta ese momento, rodeado de familiares y amigos
celebraba un cumpleaños mas de mi vida, en el interior pues sabría que sería si
no el ultimo, uno de los últimos por lo menos.
Ricardo mi
sobrino de apenas 7 años había descubierto su pasión por las cámaras y los flashes,
lo que hacía que cada momento de su vida
este retratado en una instantánea que él
las llamaba las evidencia de mi vida.
“Tio Boby”
como me decía, “una foto pues no seas aburrido”, el carita triste sabía que no
me gustaban las fotos o por lo menos no compartía su pasión por retratar todo,
pero acepte una foto y una nada mas, yo era un apasionado por las fotos, en los años en que las redes sociales
como Facebook o Twitter aparecieron,
pero con
el pasar de los años y con el
avance del cáncer y el deterioro de mi cuerpo fui perdiendo
esa pasión.
La foto la
integramos mi padre, mi madre y mis hermanos, luego se unieron mis sobrinos y
no podía faltar mi abuelo. Rodeado de mis más queridos seres Ricardo me retrato.
El carita triste
como le decía a Ricardo, contento corría por toda la casa “tengo una foto del tío
Bobby” decía, pues nunca me había dejado
retratar por el, aunque Ricardo era mi
primer sobrino y por ende el más
engreído por mí, nunca le di la aprobación
para que me fotografié.
Durante ese día y
ya en la soledad de mi cuarto el dolor
se hacía intenso, recuerdo de Margaret,
mi señora ya cansada y triste me inyectaba la morfina que poco
hacia contra el dolor, con
algo de angustia me recordaba que tenía que ser
fuerte y que no la deje sola, pero
poco podía hacer si el
tiempo pasaba y la enfermedad me consumía.
Durante la tarde
de ese dia mi sueño se frustro la respiración
se me obstruyo y sentí la clara sensación de desdoblamiento, con fuerte alarido, se fue mi
último suspiro en la vida, casi instantáneamente el llanto de mis padres y
señora se hicieron fuertes, más profundos y una nube negra de tristeza inundo mi cuarto y la casa
por completo.
Era
impresionante la poca gente que me visitaba
pero al mismo tiempo no podía
salir del asombro de cómo me podía verme estando yo al frente, sí, yo me veía, veía mi cuerpo tirado en una caja de madera que seria mi casa durante todo el resto de mi existencia.
Los días de
velorio estuvieron tristes, mi vida se había esfumado y con ella descubrí una verdad que aunque sabía
nunca la aceptaría, yo era un hombre
solitario, pues casi nadie excepto mi familia estuvo el día de mi velorio.
Quizás el
momento más triste fue con Ricardo, mi sobrino alegre y preferido se acercó a
mi lecho y con una sana inocencia
puso la última foto en el ataúd que
me cobijaba, en ella se veían toda mi
familia y mis últimos días. En ese momento entendí que había partido para
siempre, y aunque quisiera la enfermedad me había vencido, había perdido esa
batalla y estaba ya rumbo a mi nueva morada.
Ya en el
cementerio Ricardo puso la foto nuevamente en el ataúd y esta vez nadie la
saco, entre llanto dijo “para que nunca te olvides de la familia tio boby”, y
aunque partí y deje a todo mi familia,
me lleve un pedazo de ellos en esa mi última foto.
